¡Hola, soy Azahara Hernández!

Podría presentarme en pocas palabras y decirte simplemente que soy especialista en coaching para mujeres que desean reinventarse profesionalmente. Pero tanto a ti como a mí nos sabría a poco. Porque tú no solo estás aquí por tu vida profesional, ¿me equivoco?

Déjame adivinar.
Estás aquí porque...

Te mueves en un ambiente laboral que te hace sentir atada y atrapada. Y tu cuerpo y alma te están pidiendo ayuda.

Tu situación actual se aleja bastante de lo que en su día imaginaste. El día a día te supera y la frustración se apodera de ti.

Tu trabajo no te permite sentirte realizada, aunque tú intuyes que podrías estar haciendo muchísimo más. 

Tienes ideas y aspiraciones que te gustaría perseguir con la motivación y energía que tenías antes de perder esa chispa.

Déjame adivinar.
Estás aquí porque...

Te mueves en un ambiente laboral que te hace sentir atada y atrapada. Y tu cuerpo y alma te están pidiendo ayuda.

Tu situación actual se aleja bastante de lo que en su día imaginaste. El día a día te supera y la frustración se apodera de ti.

Tu trabajo no te permite sentirte realizada, aunque tú intuyes que podrías estar haciendo muchísimo más. 

Tienes ideas y aspiraciones que te gustaría perseguir con la motivación y energía que tenías antes de perder esa chispa.

Pero lo más importante es que estás aquí porque crees que esta situación no es definitiva y que está en tu mano empezar de nuevo.

Esta vez, para conseguir esa vida que tanto deseas.

Mi objetivo es darte el impulso que necesitas para encontrar eso que realmente quieres hacer y ser esa mujer profesional siempre has querido ser.

Mi historia

Dicen que somos la suma de todas nuestras experiencias.

Yo también lo creo, aunque también sé que está en nuestra mano decidir si queremos cambiar de rumbo, hasta dónde queramos llegar y, sobre todo, cómo hacerlo. Mi historia (como otras tantas y, quizás, como la tuya misma) es la prueba de esto. 

Así que si querías conocerme un poco mejor, prepárate, porque voy a ponerme muy personal.

¿Y ahora,
qué hago con mi vida?

Nací en Valencia. Desde pequeña, no me gustaba responder a la pregunta «¿qué quieres ser de mayor?». Todo el mundo parecía tener prisa por decidirlo.

Para mí, pasaban los años y, a pesar de tener muchas ideas de lo que me gustaba y lo que no, no tenía nada claro. Cuantas más vueltas le daba a la idea del trabajo, más confusa me sentía.

Después del instituto, decidí estudiar nutrición. Me gustaba cuidarme y llevar una vida saludable, aunque no me apasionaba la idea de dedicarme a esto.

Al menos, todo el mundo (yo incluida) creía que era una carrera con salidas profesionales y eso sería una gran ventaja.

Al terminar, pasé por la etapa que atravesamos casi todos a esa edad y me pregunté: «¿y ahora qué hago con mi vida?». Probé suerte y me fui a Irlanda a buscar trabajo.

Cuando volví a España, me sentía tan perdida como al principio. Por más que lo intentara, no era capaz encontrar un trabajo que me permitiera independizarme de una vez por todas.

Decidí que necesitaba un trabajo en el que poder sentirme útil lo antes posible.

No quería seguir esperando. Quería encontrar mi identidad y ganar seguridad en mí misma a través de mi profesión, fuera cual fuera.

Abandoné la idea de dedicarme a la nutrición y me convertí en sargento. ¡Sí, sargento! ¿Quién me lo iba a decir a mí? 🙂

Al principio, pensé que un cargo militar me daría toda esa fuerza que echaba en falta, que por fin me sentiría «en mi sitio». Aunque lo cierto es que con el tiempo me sentí estancada. Todo el mundo a mi alrededor parecía estar creciendo profesionalmente a un ritmo vertiginoso.

Sin embargo, yo era consciente de que no tenía posibilidades de ascender y que lo único que me esperaba durante los próximos años sería el mismo trabajo, en el mismo puesto, día tras día. Parecía interminable.

Eso despertó en mí una inquietud que no había sentido nunca antes. Con el tiempo, esa inquietud se convirtió en algo cada vez mayor.

Me sentía atrapada, desmotivada y agotada.

Me di cuenta de que mis valores no se reflejaban de ningún modo en mi profesión. La mujer que que quería llegar a ser y la mujer que era no encajaban.

¿A quién se ocurriría renunciar a un puesto fijo porque «no estás bien» o «no te hace feliz»? No podían ni imaginarlo. Y yo no podía asumir que eso fuera lo que me esperaba de aquí en adelante.

Al final, esa sensación de vacío me superó. Terminó afectando a otras áreas de mi vida y sobre todo a mi autoestima, hasta que un día ya no pude volver a trabajar. En esos momentos decidí que había llegado el momento de escucharme, de reconocer mis habilidades y de recuperar la confianza en mí misma. Solo me quedaba averiguar cómo iba a conseguirlo. 

Me cambié de ciudad y me di cuenta de que tenía ante mí una oportunidad para dejar atrás todas aquellas cosas que quería cambiar. Tenía que aprovecharla.

Conocí el coaching de primera mano y le dio la vuelta a mi vida por dos razones:

La primera razón fue que el coaching me permitió hacer las paces conmigo misma, por fin.

Entendí que, con la mentalidad y las herramientas adecuadas, podía ver soluciones donde antes solo veía excusas y obstáculos. Me ayudó a dejar atrás una vida que me hacía pequeña e insegura para construir, poco a poco, la vida que deseaba y que me permitía desarrollarme al completo.

¿Y la segunda? Tuve claro que debía ayudar a otras mujeres que estuvieran pasando por lo mismo.

Cuando alguien pasa de sentirse insignificante y atrapada en un trabajo gris a apostar por sí misma y revolucionar su futuro laboral… ahí debe haber algo que otras personas atravesando esa situación querrían conocer. Era hora de pasar a la acción. Me formé y trabajé con fuerzas. El resultado lo tienes aquí.

Esta es mi historia, pero también puede ser la tuya, si tú quieres.

Hoy puede ser el día en el que tú también decidas pasar a la acción.